¿Qué ocurre con los bienes cuando una pareja se casa, convive o se separa? ¿Qué es propio, qué se comparte y qué se puede prever antes de decir “sí”? A partir de estas preguntas, la abogada Gabriela Jacquin, especialista en derecho de familia y sucesiones, analizó los alcances legales del matrimonio, los acuerdos prenupciales y la planificación patrimonial.
Uno de los ejes centrales fue la diferencia entre el régimen ganancial y los contratos prenupciales, vigentes en la Argentina desde 2015. Aunque todavía no son una práctica extendida, Jacquin señaló que su uso crece especialmente en segundas uniones, en personas con bienes previos, empresas, herencias o actividades profesionales consolidadas. “Casarse también es firmar un contrato, y está bueno hacerlo con los ojos abiertos”, explicó.
La especialista aclaró que, aun sin prenupcial, los bienes previos al matrimonio, las herencias y las donaciones siguen siendo propios. La diferencia aparece en las ganancias: alquileres, rentas o ingresos derivados de bienes anteriores pasan a integrar la sociedad conyugal si no existe un acuerdo que establezca lo contrario.
En ese sentido, los prenupciales permiten separar patrimonios y dar previsibilidad, evitando conflictos futuros. Sin embargo, Jacquin remarcó que no se trata de una receta universal: cada pareja debe conocer el régimen jurídico y decidir en función de su realidad. “No es para todos los casos, pero sí es clave informarse”, sostuvo.
Otro punto abordado fue el de las herencias. Más allá de la conformación familiar o del orden de los matrimonios, los hijos son siempre herederos forzosos y no pueden ser excluidos. Aun así, existe una porción disponible que permite, mediante testamento, organizar y planificar la distribución de bienes para evitar disputas posteriores.
La charla también puso el foco en el costado humano de los conflictos legales. Según Jacquin, muchas disputas patrimoniales esconden heridas emocionales no resueltas. Por eso, destacó la importancia del rol del abogado no solo como técnico del derecho, sino también como mediador que ayude a encontrar soluciones razonables antes de que los conflictos escalen.
Con ejemplos cotidianos y casos conocidos, la abogada dejó una conclusión clara: anticiparse, dialogar y comprender las reglas del juego puede marcar la diferencia entre una separación ordenada y una guerra judicial prolongada.

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