Tradición, picardía y juego colectivo

El truco, una pasión argentina que se renueva y cruza fronteras

El truco vuelve a decir presente como uno de los rituales más vivos de la cultura popular argentina. Lejos de quedar anclado en la nostalgia, el juego de cartas se reinventa, suma nuevas generaciones y hasta despierta interés fuera del país. Así lo plantea Beto Viciconte, presidente de la Asociación Argentina de Truco (ASART), una entidad creada para unificar reglas, organizar torneos y sostener una tradición profundamente arraigada.

La asociación nació en 2015, impulsada por un grupo de amigos que, entre partidas y discusiones reglamentarias, advirtió la necesidad de consensuar un marco común. De allí surgió el primer gran objetivo: establecer un reglamento único que permita jugar en cualquier lugar del país sin conflictos. Con ese paso dado, el truco empezó a tomar forma institucional.

Hoy ASART organiza la Liga Nacional de Truco, un certamen federal que se juega por zonas en todo el país y culmina cada año con una gran final. La competencia se desarrolla a través de clubes afiliados, que presentan equipos y disputan plazas durante toda la temporada. Además, la asociación impulsa torneos especiales y eventos empresariales, siempre bajo reglas oficiales.

Aunque suele pensarse como un juego puramente argentino, el truco tiene raíces árabes y llegó a América a través de la península ibérica. Sin embargo, en Argentina encontró un terreno fértil para volverse propio. La picardía, la astucia, el engaño estratégico y la capacidad de “arreglárselas con lo que hay” son, para Viciconte, rasgos que explican por qué el truco se volvió parte del ADN cultural local.

El juego también demuestra estar vivo en su capacidad de adaptarse. Existen versiones caseras, reglas alternativas y hasta propuestas lúdicas que dialogan con la actualidad, sin perder el espíritu original. Esa flexibilidad es, en parte, lo que mantiene vigente al truco frente al avance de los juegos virtuales.

Lejos de perder terreno, el truco atraviesa un momento de resurgimiento. Desde ASART aseguran recibir consultas desde distintos países interesados en aprender sus reglas y su lenguaje, un desafío que implica traducir no solo normas, sino también gestos, señas y lunfardo. Porque el truco no es solo un juego: es encuentro, charla, estrategia y emoción compartida.