El beso atraviesa culturas, épocas y cuerpos. Puede ser un gesto de amor, de amistad, de traición, de poder o incluso de muerte. Sobre esa multiplicidad gira Museo del Beso, el libro escrito por Matías Moscardi junto a Andrés Gallina, que propone un recorrido anacrónico y sensible por los besos más emblemáticos de la historia del arte, el cine, la literatura y la cultura popular.
En diálogo con Amnesia, Moscardi contó que el libro no busca establecer una evolución lineal del beso, sino construir una experiencia de lectura similar a la de un museo: salas que conectan épocas, escenas y sentidos distintos, donde conviven Cristóbal Colón, el cine de Hitchcock, el arte performático y las películas románticas. “El beso no es una práctica universal con un solo significado. Cambia según la cultura, el contexto histórico y el vínculo entre quienes se besan”, explicó.
A lo largo de la charla, el autor reflexionó sobre cómo el beso excede lo romántico: aparece en los rituales religiosos, en los gestos políticos, en la relación con los animales y hasta con los objetos. Besar una camiseta, una moneda o una herida también forma parte de ese mapa simbólico que el libro propone explorar. En ese sentido, Moscardi señaló que el Museo del Beso no pretende cerrar definiciones, sino abrir preguntas y habilitar que cada lector arme su propio museo paralelo, con besos personales, cinematográficos o imaginados.
Entre los ejemplos más impactantes, mencionó besos ligados al terror y lo escatológico, como ciertas escenas del cine de David Cronenberg, y otros cargados de ternura, como los clásicos del cine romántico. También recordó el célebre beso “más largo” del cine, filmado por Alfred Hitchcock a través de una sucesión de besos breves para esquivar la censura de la época.
Hacia el final, Moscardi destacó una idea central del libro: no existe “besar bien” o “besar mal”. El beso, dijo, es improvisación pura, un encuentro que sucede en el medio de dos cuerpos y que depende de la adaptación, la respiración y el ritmo compartido. Tal vez por eso sigue generando vértigo, vergüenza y emoción, incluso en los vínculos más consolidados.
Museo del Beso se consigue en librerías de todo el país y propone una invitación tan simple como profunda: volver a pensar un gesto cotidiano que, lejos de agotarse, sigue diciendo mucho más de lo que creemos.

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